María José Cano nace en Granada. Desde pequeña desarrolla una pasión hacia el arte, en gran medida transmitida por su madre, una mujer que siempre fomentó las inquietudes culturales de sus hijos; tanto las de María José con la pintura como las de su hermano, el cantautor y poeta Carlos Cano

Durante su infancia estuvo diariamente en contacto con el maestro acuarelista Rafael García Bonillo, que empezaba esos años a mostrar todo su talento y quien acostumbraba por entonces a pintar cantando ópera. A los hermanos Cano aquello les entusiasmaba y siempre lo han recordado como una de las pocas anécdotas entrañables y divertidas de su infancia.

En septiembre de 1972 participó en su primera exposición grupal, con una gran asistencia de público, de la que fue protagonista destacada en la reseña publicada en el Ideal de Granada por el pintor y crítico de arte Marino Antequera. En esa misma exposición María José pudo conocer al pintor Manuel Maldonado, quien le transmitió opiniones muy positivas, así como consejos técnicos de gran ayuda, que María José nunca ha olvidado.

Su pintura se cataloga dentro del expresionismo abstracto. Cano deja que su mano se mueva con libertad y sin ataduras sobre el lienzo. Sin trazos obligados, marcados ni preconcebidos, uno tras otro, y con esa naturalidad impulsa al pincel a recorrer otros caminos, obligándolo a reclamar texturas imprevistas.

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